Fatigada,

la lluvia borra muecas profanas,

pintarrajeadas,

sobre mis labios sin gozo,

Ojos labrados en guijarros

reflejan ávidas flores,

estrellas fugaces muertas

sin que alguien pida un deseo.

Me di cuenta

del inenarrable vacío,

de la nieve que borra,

silenciosa,

armonías y versos anhelantes.

Nubes obtusas y planas,

sigilosos cascabeles quebrados

triangulan fábulas otoñales

mientras escurre, sin apuro,

fatigada,

la sangre desde el centro de la tierra.

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